miércoles, 28 de junio de 2017

UN APRENDIZ DE JEDI


EL APRENDIZ DE SITH

Darth Ghul abrió la tienda de campaña en la que su maestro meditaba en el lado oscuro de la Fuerza y entró como se le había ordenado. Darth Akdar se encontraba sentado frente a una mesa tosca de madera barnizada en color negro. Al ver entrar a su aprendiz, Akdar retiró hacia atrás la capucha de su capa negra para revelar el rostro de un chiss maduro que tenía arrugas en su piel azul, pero en su cabello no había una sola cana y seguía guardando un aspecto atractivo, varonil e idealizado, como solían hacerlo todos los chiss en sus edades maduras, lo que hacía siempre muy difícil averiguar cuales eran sus edades reales.

- Veo que has renovado tu vestuario, como te dije, y has construido dos sables láser de la manera que te enseñé. Muy bien, Darth Ghul, ha comenzado tu entrenamiento aunque me gustaría que supieses ahora la auténtica razón de por qué he decidido instruirte. ¿No vas a preguntarme? Pregunta, anda... Pregúntame ¿por qué he decidido instruirte?

- ¿Por qué has decidido instruirme, maestro? - obedeció Ghul.

- Tanto tu como yo le debemos lealtad a aquel que se hace llamar mi maestro, Darth Sidious, nuestro Emperador Sheev Palpatine, pero debes saber que él, siendo como es el ser más poderoso de la Galaxia, ya nos ha traicionado. - Akdar hizo una pausa antes de continuar mientras escudriñaba el rostro de Ghul con el ceño fruncido, buscando el menor atisbo de sorpresa, desagrado o ira. El rostro de Ghul seguía siendo una máscara impertérrita de absoluta indiferencia. Sintiéndose complacido Akdar siguió hablando. - Al igual que tu yo tuve otro nombre antes de obtener mi nombre Sith; fui en su día, y al igual que tu, un Jedi, fui un bibliotecario en concreto. Me llamaba por aquel entonces Lenrat Sephis y era uno de los muchos que estaban al cargo de los Archivos y de la Biblioteca en el Templo Jedi. Mi especialidad era la historia de los Sith y otros cultos del lado oscuro, historia y culto que Palpatine, Sidious, ha traicionado.

Darth Akdar aprovechó éstas palabras rotundas para hacer otra pausa mientras se levantaba y continuó su alegato mientras caminaba alrededor de Darth Ghul.

- Hace unos mil años existió un poderosísimo Sith llamado Darth Bane... ¿Has oído hablar de él? Sería muy raro si no fuera así... - Ghul respondió afirmativamente y su maestro continuó hablando - Bien, muy bien, pues fue Darth Bane - aquel al que muchos consideramos como el Sith'Ari, el Elegido - quien impuso la Regla de Dos. Esto es: solo puede haber dos Sith al mismo tiempo, un maestro y un aprendiz. Pues Darth Sidious, nuestro Emperador Palpatine, no solo ha roto ésta regla, sino que no piensa cumplirla... Verás, Bane consideraba que el poder de la Fuerza no era como el fuego, sino que su poder era como el veneno... Es decir, él consideraba que el poder de la Fuerza no podía multiplicarse como el fuego, aquel que tuviese la "antorcha de la Fuerza" si pasaba ése fuego a otra "antorcha" el fuego no ardería con la misma intensidad, ése fuego se diluiría y, si se dividía demasiado, finalmente desaparecería... Por ésta razón Bane asimilaba la Fuerza al veneno, si un veneno lo divides muchas veces deja de ser eficaz y letal y dejar de ser lo que en un principio fue: veneno.

Darth Akdar hizo otra pausa, esta vez dio la espalda a su aprendiz, sabiendo que podía confiar en él, ya que éste aún tenía mucho que aprender con su ayuda y que él mismo también necesitaría de las habilidades de su aprendiz y de su colaboración en las pruebas a las que deberían enfrentarse juntos en un futuro muy próximo.

- Debes saber, Ghul, que el Emperador tiene muchos, muchos más aprendices de los necesarios, pero lo que es aún más blasfemo, no tiene intención de legar su poder a ninguno de ellos, no tiene intención de aportar ni un ápice de su conocimiento a sus aprendices ni de pasar el testigo a otro Sith. En definitiva, Darth Sidious tiene intención de ser inmortal. Ha "secuestrado" un planeta entero, lo ha "escondido" para el resto de la Galaxia llenándolo y saturándolo con ingentes cantidades de poder del lado oscuro y allí está construyendo su fábrica personal de clones de sí mismo. De ésta manera transferirá su espíritu y conciencia a uno de sus clones cuando se sienta morir y será, a todos los efectos, inmortal. Esto es una blasfemia contra los Sith y un insulto a su historia y su tradición. Debes saber que tu última prueba como mi aprendiz, la última prueba que todo Sith ha de pasar, impuesta por el mismísimo Darth Bane, es matarme, si puedes claro. Todo aprendiz debe saber, al iniciar su entrenamiento, cual será su última prueba y todo maestro debe saber que morirá asesinado por su aprendiz. Nada más importa. La supervivencia de la Orden Sith está por encima de todo, incluida tu vida o la mía ¿lo has comprendido Darth Ghul?

- Lo he comprendido, maestro, al finalizar mi entrenamiento debo matarte, ésa será la última de las pruebas a las que seré sometido... y tu final. También he comprendido que, aunque tenemos que aparentar ser leales al Emperador, él es un traidor para nosotros y deberemos prescindir de su ayuda.

- Si, muy bien, Darth Ghul, lo has comprendido, pero hay una cosa más que debes saber y es que ni yo ni el Emperador en persona lo sabemos todo. - Darth Akdar siguió hablando mientras caminaba hacia la mesa, donde abrió un cajón. - Debes saber también que hay secretos de los Sith que no pueden legarse a sólo un Sith, que deben ser compartidos o, de lo contrario, seguirán durmiendo para siempre, esperando al maestro y al aprendiz que sean lo suficientemente inteligentes, osados y poderosos como para colaborar y llegar más lejos que ninguno de sus predecesores. - Del cajón que había abierto Akdar sacó una rara y pequeña pirámide cristalina de color rojo, del tamaño de un puño, con símbolos extraños y arcanos grabados en cada uno de sus lados.

- Esto que ves aquí es el holocrón de Sorzus Syn. - Siguió explicando Akdar. - El Emperador en persona me lo dio, cansado de investigarlo, siendo incapaz de abrirlo solo o de descifrar sus secretos sin ayuda. Su egoísmo es nuestra ganancia, Ghul... ¿Sabes lo que es un holocrón, verdad Ghul? Fuiste guardián de Templo Jedi, y de uno importante, así que tienes que saberlo...

- Si, maestro, un holocrón es un artefacto o un receptáculo donde un Sith... o un Jedi, deja parte de su esencia vital y de su memoria para que otros puedan aprender de sus enseñanzas muchos, muchos años después de que el Sith o el Jedi en cuestión hayan fallecido.

- Si, si, eso es Darth Ghul. - Respondió el chiss. - Pues éste en concreto tiene entre seis mil y cinco mil años de antigüedad, mi aprendiz, perteneció a una de las primeras Jedi oscuras, una de los primeros Sith - tal y como los conocemos hoy en día -  contiene la memoria y parte de la esencia vital de Sorzus Syn, la Alquimista, y solo puede abrirse si tu y yo colaboramos.


Darth Akdar



UNA MISIÓN REBELDE

Jace Jukassa pilotaba su caza estelar Ala-X T-65 surcando los cielos de Tylos, el planeta repleto de océanos en el interior del Cúmulo de Jaga, muy próximo a la base rebelde que se encontraba en el cercano planeta de Jagomir.

Al igual que el selvático Jagomir, el planeta de Tylos estaba inexplorado y era una completa incógnita para el conjunto de la Galaxia ya que su ubicación en el interior del Cúmulo de Jaga hacía muy difícil y peligroso el viaje hiperespacial hasta aquel rincón del universo. Era necesario saltar al hiperespacio casi una docena de veces para llegar y en cada uno de los saltos había que hacer ajustes precisos para no acabar impactando contra un cúmulo de gases peligrosos o una nube de asteroides, así que sólo los pilotos más hábiles y audaces (o también los más temerarios y locos) como Jace eran capaces de atreverse a realizar aquella misión de reconocimiento.

Aquella misión era ciertamente extraña, había rumores de otros pilotos rebeldes exploradores que decían haber visto naves del Imperio en Tylos, lo cual era desconcertante y digno de auténtica preocupación. Si el Imperio había llegado a aquel planeta podía llegar, de igual manera, a Jagomir, encontrar la base rebelde Resolución y acabar con la célula rebelde a la que Jace pertenecía.

Jace Jukassa estaba al mando del Escuadrón Vórtice y no pensaba salir de la atmósfera de Tylos sin averiguar a ciencia cierta si el Imperio había llegado tan lejos. Llevaban horas de patrulla sobre el océano y se acercaba la noche así que Jace ordenó a su escuadrón aterrizar en una de las islas y continuar con el reconocimiento por la mañana. Improvisaron un campamento y establecieron guardias para estar alerta ante cualquier indicio imperial o ante cualquier otro peligro imprevisto.

Pero lo imprevisto no sucedió fuera, sino dentro de la cabeza de Jace, quien sufrió unos extraños sueños con imágenes y voces muy vívidas y reales...

- "Jace..." - Le llamaba la voz de un anciano. - "Jace Jukassa..." - Repetía una y otra vez aquella voz mientras veía imágenes de un pequeño ser, un alienígena de pequeño tamaño, parecido a un pájaro antropomorfo, que se apoyaba en un largo bastón de madera lleno de extrañas curvas y que tenía el cuerpo cubierto de plumas blancas.

- "El Maestro Retell te está buscando" - Decía otra voz masculina mientras veía imágenes de un hombre joven sonriente de piel negra, poco mayor que él, vestido con ropas caras y glamurosas. Una sensación cálida y placentera llenó su mente y supo al instante que aquel hombre no le era hostil, era... o sería, cuando lo conociera por fin, un amigo...

- "El Maestro Retell..." - Escuchó esta vez una voz femenina mientras veía imágenes de una alta alienígena de enorme cuerpo mitad pez, mitad serpiente, mitad humano... Sus escamas azules refulgían con las luces del panel de mandos de una cabina de piloto... - "El Maestro Retell..." - Repitió la voz de la extraña alienígena. - "El Maestro Retell te necesita..."

Jace despertó. "El Maestro Retell", pensó para sí mismo... ¿Quién era el Maestro Retell? ¿Sería un maestro de Jedi? Hacía doce años que había muerto Dúnawax Suu Quol, su antiguo tutor, su antiguo maestro, el anciano Caballero Jedi que le había regalado su sable de luz cuando murió. El anciano Suu Quol le había enseñado unos cuántos trucos mentales que Jace había usado todos estos años para pilotar mejor que ningún otro rebelde... Hacía doce años que no sabía nada de los Jedi y hacía seis que había perdido la esperanza, no sólo de encontrar otro maestro, sino de encontrar jamás a ningún otro Jedi...

¡Un momento! ¡La cabina de la nave que pilotaba la alienígena de escamas azules! ¡¡¡Conocía aquella nave!!! ¡¡¡Era la cabina de piloto de una Lanzadera imperial clase Lambda!!!

Jace se levantó y se puso el traje de piloto. Tenía que encontrar aquella nave, debía encontrarla, "algo" en su fuero interno lo acuciaba a llegar hasta la Lanzadera imperial pilotada por la extraña alienígena de escamas azules y "algo" le decía dónde podía estar... ése "algo" tiraba de él con una fuerza irresistible. Dos de sus compañeras pilotos, aquellas subordinadas suyas a las que les tocaba hacer guardia, se levantaron alarmadas al ver a su superior vestido y preparado para el combate aéreo.

- ¿Qué pasa, Jace? - Le preguntó Mercedes Vanadíaz. - ¿Nos ponemos todos en marcha?

- No, no, Mercedes, no pasa nada... Tu y los demás quedaros aquí, yo creo que he dejado pasar algo por alto... En alguna de las islas que ayer sobrevolamos... Tengo una corazonada...

- Vale, entonces deja que despertemos al resto de los chicos y que vayamos un par de nosotros contigo, no voy a permitir que nuestro superior corra ningún riesgo innecesario. - Expuso la cabo Lira Nerdeker, la mejor amiga de Mercedes Vanadíaz.

- ¡No! - Incluso Jace se asustó de la propia violencia de su contestación e intentó mostrarse más calmado cuando volvió a abrir la boca. - No, quiero decir que no es necesario Lira, mira éstas serán mis coordenadas - Jace se acercó a un módulo de datos, tecleó unos números y apareció un holograma con forma de mapa. Con un círculo rojo parpadeaba el lugar en el que se encontraban, luego se amplió el mapa y Jace marcó una isla a unos ciento cincuenta kilómetros hacia el este de donde se encontraban con un círculo azul parpadeante. - Aquí podréis encontrarme, cada hora en punto mandaré una señal, si de repente no recibierais mi señal podéis venir a éstas coordenadas e investigar lo que me ha ocurrido, además, tengo a Erre Tres para cubrirme las espaldas.

- Muy bien, como quieras pero ¿podemos saber por qué tanto secretismo? ¿Qué es lo que pasa? ¿Qué es lo que hay en esa isla y qué no podemos saber? - Preguntó Lira.

- Creo que sé por qué se han visto sobrevolando en estos cielos a naves del Imperio y creo que sé quienes las están pilotando pero no pertenecen al Nuevo Orden, deben ser naves que han robado. Me están buscando a mí y tengo que ir solo, chicas.

Mercedes Vanadíaz y Lira Nerdeker se miraron la una a la otra y luego centraron su atención en su superior.

- Puede ser una trampa. - Dijo Mercedes.

- No, no creo que sea una trampa, podéis estar tranquilas, creo que es gente que necesita a la Alianza Rebelde, gente que me necesita a mi, aun no sé por qué, pero lo descubriré y regresaré.


El Escuadrón Vórtice

jueves, 8 de junio de 2017

CRÍTICA SOBRE LA NOVELA "DARTH BANE. REGLA DE DOS"


Portada de la novela


Acabo de leer el libro "Darth Bane. Regla de Dos" y me ha gustado mucho, como aficionado a la saga de Star Wars primero y como lector de novelas de ciencia-ficción y fantasía en segundo lugar, recomiendo su lectura sobretodo para los aficionados a Star Wars, pero hay ciertos aspectos que podrían haberse cuidado mucho más para que ciertas partes de la historia no hubieran quedado tan forzadas, así como que la inclusión de ciertos personajes, sus caracteres y decisiones fueran más creíbles y realistas, y me estoy refiriendo en concreto a todo lo que tiene que ver con los Jedi.

Es cierto que Darth Bane, el único Lord Sith superviviente de la batalla de Ruusan y su aprendiz, la joven Darth Zannah, son los protagonistas absolutos de la historia, obviamente si fuera de otra forma la novela tendría otro título y no llevaría el nombre del Lord de los Sith en la portada, pero me ha decepcionado el papel y tratamiento que en la novela se les da a los Jedi.

Al parecer, y según ésta novela, el mero hecho de ser un Jedi, es decir, de pensar en y por el bien común, de forma altruista, sanadora, apaciguadora y diplomática... el mero hecho de pensar como lo haría un Jedi (en contraste a como lo hace generalmente un Sith, es decir, de forma egoísta, individualista, oportunista, agresiva, coercitiva, intimidatoria y violenta) pues hace a los Jedis simplemente estúpidos. Esto no sólo no me ha gustado, sino que además me ha parecido muy poco realista y creíble.


La bomba de pensamiento
La bomba de pensamiento pone fin a la Segunda Guerra Sith en la Batalla de Ruusan


Tal vez yo personalmente no crea en la Fuerza ni en los Jedi como religión real, pero sí estoy de acuerdo absolutamente con sus ideales... Al menos hasta que aparecieron las denominadas y superconocidas "precuelas" de Star Wars, donde comenzamos a ver un estereotipo que recoge ésta novela y es el del Jedi como un mero soldado-monje estúpido armado con una espada láser y que posee poderes sobrenaturales.

Le debemos a ésa despreciable trilogía de películas producidas, guionizadas y dirigidas por el mayor fraude como director del mundo (George Lucas) la visión de una Orden Jedi compuesta por unos gilipollas con túnicas armados con armas futuristas de cuerpo a cuerpo y que se creen guerreros o soldados por el mero hecho de tener una espada que brilla y poder dar saltos de superhéroes.

Si, éste Jedi estúpido encaja con la descripción de las citadas "precuelas" porque, como vimos en el final de "El Ataque de los Clones", solo el peor estratega de la historia podría haber diseñado un plan de ataque al planeta Geonosis donde se arriesga la vida de casi todos los Jedis en un ataque a un recinto (como lo es la Arena geonosiana) donde pueden ser presa fácil de una emboscada y no sólo eso, donde es muy seguro que muchos de ellos vayan a morir, demostrando así un auténtico desprecio por lo que deberían respetar más que ninguna otra cosa, la vida, sus vidas... sobretodo cuando son conscientes de que éstas vidas poseen un don extraño, irreemplazable y valioso, el don de conectar con la Fuerza.

Cartel de "El Ataque de los Clones"


De ésta manera a algún estratega de los Jedi (¿por qué no decir que tal vez al mejor de sus estrategas?) se le ocurre pensar que es un buen plan arriesgar la vida de sus Maestros y aprendices (de todos, eso es, con un par) dentro de un recinto fácil de rodear y nada fácil de defender... Así que cualquier espectador se lleva la impresión lógica de que los Jedi son rematadamente idiotas.


¡¡¿POR QUÉ GEORGE LUCAS? ¿POR QUÉ NOS HAS HECHO ESTO?!! (si ya lo sé por qué lo has hecho... por dinero, puro, asqueroso y sucio dinero y por ello te odiaré hasta el día de mi muerte).

No puedo estar en mayor desacuerdo con la idea de que los Jedis, por el mero hecho de ser Jedis, tengan que ser estúpidos. A ver... Cuando ha finalizado la Guerra con la Hermandad de la Oscuridad de los Sith en la superficie de Ruusan tras la explosión de la bomba de pensamiento ¿realmente a ninguno de los Caballeros Jedi se le ocurre peinar el planeta hasta la última puta piedra por si no fuera a haber otro Sith superviviente por ahí? ¿De verdad que sólo se le ocurre tal cosa a un jovencito "padawan" insignificante llamado Johun Othone? ¿De verdad sólo se me ocurre a mí generar un bloqueo con una flota de naves espaciales para que absolutamente ninguna de las naves que entre o salga del planeta de Ruusan lo haga sin autorización? A mi me parece que todo esto podría ser igual de compatible siendo el mayor defensor de la vida, el altruismo, la democracia, la sanación y el conocimiento de una Galaxia llena de Jedis incompetentes...


Darth Zannah
Darth Zannah


Sin embargo, y tal y como ocurre en la novela, el ejército Jedi, nada más acabar la Guerra con los Sith, está dispuesto a volver corriendo a Coruscant, la capital Galáctica, para hacerse cargo de los cambios políticos inmediatos de la República dejando las labores de "limpieza" y reconstrucción a civiles y nativos de Ruusan ... ¿Es que no hay algún escritor o guionista que haya estado en una guerra real? Aunque es evidente que yo no, creo muy normal que el ejército vencedor es el primer interesado en reconocer el terreno, "limpiarlo" y reconstruirlo, porque es muy probable que si le das la espalda a un enemigo al que crees vencido éste podría apuñalarte con facilidad si no has comprobado que sí, efectivamente, está neutralizado y ya no es una amenaza para nadie y sobretodo, y lo que es más importante, para uno mismo...

Claro que Drew Karpyshyn, el escritor de la novela en cuestión, podría decirme... "ya majo, pero ¿y qué hago con el protagonista? ¿Lo mato al principio y ya está, acabo la novela más corta del mundo dejándola en diez páginas?" No es cuestión de eso, no, estrujase usted un poco la cabeza, señor Karpyshyn, lo uno puede ser fácilmente compatible con lo otro si usamos la imaginación...

Pongamos que en el libro que Darth Bane y Zannah encuentran al principio en Ruusan se describe el encantamiento que años más tarde usaría la aprendiz para enmascarar su poder del lado oscuro haciéndolo pasar por poder luminoso cuando logra entrar en el Templo Jedi. Sería interesante leer cómo durante las semanas o meses en las que Darth Bane, y/o su aprendiz, tratan de dominar el hechizo tienen que esconderse en la superficie del planeta, siendo peinado constantemente por patrullas Jedi... Sería más realista y creíble que tras un tiempo de penurias y sufrimientos en Ruusan, sintiéndose completamente acorralados, cuando por fin logren dominar el hechizo, se hagan pasar por Jedis y engañen las mentes de sus enemigos haciendo creer que realmente pertenecen a su Orden, roben una nave y sus datos y pasen un control como al que se ven sometidos Han Solo, Chewbacca, Luke Skywalker y Leia Organa en el principio de "El Retorno del Jedi" cuando tratan de llegar a Endor, pero a la inversa... o como el control al que se ve sometido el carguero rebelde robado "Rogue One" cuando los protagonistas de la película homónima tratan de llegar a las instalaciones imperiales de Scariff...


Cartel de "Rogue One"


En fin... esto es solo un ejemplo de cómo podrían haber transcurrido las cosas en la novela, señor Karpyshyn, sin necesidad de hacer pasar a los Jedis como rematados estúpidos sin un ápice de la sabiduría que se les supone y, además, sería una excusa narrativa muy buena para que los protagonistas, los citados Darth Bane y Darth Zannah, les guardasen un rencor sin igual a los Jedis...


Pero en fin, señor Karpyshyn, algunos tienen el raro privilegio de poder escribir hechos canónicos del "universo expandido" de Star Wars y yo no soy uno de ellos, pero recuerde que los Jedis no son estúpidos, sólo algunos (como usted y George Lucas) se empeñan en que lo sean y en que, innecesariamente, tengan que serlo...


Darth Bane y Darth Zannah


domingo, 4 de junio de 2017

DRAUGOR, SEÑOR DE LOS HUARGOS



Estandarte del Dragón



Notas previas:

Ésta es la continuación de la historia de un personaje que hice para una campaña del juego de rol "El Señor de los Anillos", que mi hermano hace años iba a ambientar en la Primera Edad de la Tierra Media que J. R. R. Tolkien narró en su libro "El Silmarillion" (en base a textos recopilados por su hijo, quien fue también responsable de su edición).

Tras un desengaño amoroso borré la historia del personaje que narraba los primeros siglos de vida de un Elfo Noldo que había nacido en Valinor con el nombre de Taralmië, que siguió a Fëanor a la Tierra Media y que fue prisionero de los siervos de Morgoth en su fortaleza de Angband

Estoy intentando reescribir la historia original pero me está costando más de lo que había creído. Tras ver impresionantes vídeos de la segunda parte del videojuego "Shadow of Mordor", llamada "Shadow of War", se me ha ocurrido ésta continuación de aquella historia y de su protagonista, el Elfo Noldo que, tras escapar de su cautiverio en Angband gracias al poder de un anillo mágico, abandona su antiguo nombre y adopta el de Draugor (en sindarin significa "temor de lobo").


Portada de "El Silmarillion"


Mapa de la Tierra Media en la Primera Edad


Mapa de las Ered Wethrin y sus alrededores



IV

Estaban acorralados... Por el norte las tropas de Eithel Sirion, con mercenarios enanos en sus filas, avanzaban contra su retaguardia y por el sur las tropas de Gondolin, ayudadas por el propio Thorondor, el Rey de las Águilas, y muchas de sus súbditas, avanzaban contra su vanguardia.

De nada sirvió que Draugor y su lugarteniente Morlarak se adelantasen para parlamentar con las tropas de Turgon y explicarles que, a pesar de ser un ejército de Orcos, Huargos y Dragones, su enemigo era el mismo, Sauron el Impostor. Las Águilas se lanzaron sin mediar palabra contra los dragones que iban en vanguardia, Dornimraug, el Terror de las Profundidades, y su hermano Farothaurog, el Cazador Terrible. Por su parte los dragones que iban en retaguardia, Gwathorod, la Sombra de la Montaña, y su hijo Naurcárak, Colmillo de Fuego, fueron emboscados por los cazadores de dragones enanos que luchaban por Eithel Sirion.

- ¡Malditos Elfos estúpidos! - Gritó Draugor. - ¡Avanzamos para luchar contra su enemigo y mira cómo nos lo pagan! ¡Sangramos, sudamos, sufrimos y morimos por luchar contra Sauron y así nos lo pagan! ¡Malditos seáis! ¡¿Me oís estúpidos Elfos?! ¡Yo os maldigo!

Pero ninguna maldición ni ningún insulto impidió que Dornimraug muriera bajo las garras de las Águilas y que los cazadores de dragones enanos mataran a Naurcárak y espantasen a su madre, Gwathorod, quien, con un hacha clavada en un costado, salió volando a toda velocidad hacia el norte, buscando la protección de la única guarida que conocía, huyendo del dolor físico que estaba sufriendo y del dolor mental y psicológico de ver morir a dos de sus hijos.

El ataque combinado de Eithel Sirion y Gondolin tuvo tanto éxito que los Orcos y los Huargos de la Mano Ensangrentada no tuvieron otro remedio que replegarse hacia los pantanos de Serech, donde continuaron muriendo sin demasiada oposición durante toda la noche.

La luz de la mañana encontró a Draugor observando el cadáver de Dornimraug, el dragón de escamas blancas que en vida fuera majestuoso, hermoso y gigantesco, parecía ahora un simple, aunque enorme, amasijo de carne amorfa, sucia y ensangrentada. El elfo albino observaba al dragón que había perecido junto a sus propias esperanzas con la armadura, la ropa, el cabello y la piel sucias con el mismo barro que ensuciaba las escamas blancas de Dornimraug.

Morlarak, el capitán Orco y lugarteniente de Draugor atravesó el campo de batalla y se acercó a su comandante, que estaba de pie, inmóvil, delante del cadáver de uno de sus últimos aliados, un dragón que ya no les ayudaría a conquistar Tol Sirion ni a expulsar de la isla al siervo de Morgoth, Sauron, aquel al que los Elfos Sindar conocían como Gorthaur el Cruel.

- A los Elfos no les ha salido gratis la victoria, mi Señor, aquí hay tres Águilas muertas, las que mató éste dragón antes de caer, y más al oeste hay otras tres, las que mató el dragón que sobrevivió, el de las escamas verdes, quiere hablar con usted.

- Que se acerque y que diga lo que tenga que decir. - Fue la respuesta de Draugor.

Ante un gesto de Morlarak, Farothaurog, el Cazador Terrible de escamas verdes se aproximó a grandes zancadas que arrancaron temblores de la tierra que pisaba.

- He vengado la muerte de mis hermanos, maté a muchas de las Águilas que fueron lo suficientemente estúpidas como para atacarme y me comí a la mitad de los enanos, todos los que pude antes de que salieran corriendo como las ratas cobardes que son. Ya no tengo nada más que hacer aquí, ahora mi madre me necesita, ha perdido a todos sus hijos menos a mí y tengo que ayudarla. Me marcharé para siempre Elfo, ya hemos hecho la guerra por ti y la hemos perdido. Adiós. - Fueron las últimas palabras que Draugor escuchó del último aliado entre los dragones que le quedaba.

- Adiós. - Contestó el Elfo de forma lacónica y sin darse la vuelta.

El dragón desplegó sus enormes alas correosas, se elevó en el aire como si su peso fuera ínfimo y desapareció.

- No se usted pero yo he despachado a unos cuantos Elfos, mi Señor. Ellos se han salido con la suya, si, de eso no hay duda, impedir nuestro avance hacia el sur, pero como le he dicho no les ha salido gratis, entre los "orejas picudas" tienen hoy a más de una viuda llorando a sus muertos. - Fueron las únicas palabras de ánimo que el Orco pudo inventar para su comandante.

- Si, si, Morlarak, yo mismo maté a unas cuantas decenas de Noldor ésta noche, y pude regocijarme con sus miradas de asombro cuando vieron y sintieron cómo uno de los suyos hundía una espada forjada por ellos mismos en el interior de sus asquerosas entrañas. Puse especial empeño en que cada golpe que derribaba a uno de nuestros enemigos les produjese una muerte lenta y dolorosa. ¡Oh, los he hecho sufrir, Morlarak, ya lo creo que si! Pero nos han vencido, es hora de regresar a casa.

- ¿A casa? ¿Os referís a regresar a las llanuras de Ladros?

- Si, Morlarak, a Ladros, a la cordillera occidental de las Ered Gorgoroth, al norte del Paso de Aglon. Regresaremos como los hijos desdichados que somos al regazo de una madre piadosa y Maedhros en persona me abrazará como el hermano desvalido que soy. Si no puedo ser Señor de los Elfos él lo será por mí, Morlarak, y tendré mis tierras, tal vez no para los Elfos, pero vosotros los Orcos, y sobretodo Morgoth, mi encarnizado Enemigo, sabréis quién es realmente el Señor de Himring. - Con una sonrisa maligna Draugor levantó el puño izquierdo enfundado en un guantelete ensangrentado.

Morlarak creyó ver por un instante cómo el puño izquierdo de su Señor brillaba con un fulgor plateado pero pestañeó y la ilusión se desvaneció mientras intentaba reprimir un escalofrío de terror.



viernes, 5 de mayo de 2017

DRAUGOR, SEÑOR DE LOS HUARGOS



El escudo del Lobo Huargo, el escudo de Draugor



Notas previas:

Ésta es la continuación de la historia de un personaje que hice para una campaña del juego de rol "El Señor de los Anillos", que mi hermano hace años iba a ambientar en la Primera Edad de la Tierra Media que J. R. R. Tolkien narró en su libro "El Silmarillion" (en base a textos recopilados por su hijo, quien fue también responsable de su edición).

Tras un desengaño amoroso borré la historia del personaje que narraba los primeros siglos de vida de un Elfo Noldo que había nacido en Valinor con el nombre de Taralmië, que siguió a Fëanor a la Tierra Media y que fue prisionero de los siervos de Morgoth en su fortaleza de Angband

Estoy intentando reescribir la historia original pero me está costando más de lo que había creído. Tras ver impresionantes vídeos de la segunda parte del videojuego "Shadow of Mordor", llamada "Shadow of War", se me ha ocurrido ésta continuación de aquella historia y de su protagonista, el Elfo Noldo que, tras escapar de su cautiverio en Angband gracias al poder de un anillo mágico, abandona su antiguo nombre y adopta el de Draugor (en sindarin significa "temor de lobo").



Portada de "El Silmarillion"


Mapa de la Tierra Media en la Primera Edad


Mapa de las Ered Wethrin y sus alrededores



III


Los Orcos de la Mano Ensangrentada estaban muriendo por docenas en aquellas cavernas de las Montañas de la Sombra, las Ered Wethrin. Habían tardado más de tres años en llegar allí, atravesando bosques y montañas a lo largo de toda la Tierra Media. Habían conseguido burlar las patrullas de Eithel Sirion hasta cierto punto, Draugor pensó incluso que habían tenido muchísima más suerte que con las arañas de Dorthonion, que habían diezmado a sus tropas dos años atrás, pero en aquellas cavernas del lejano Norte los Orcos morían más rápido que nunca y en gran número.

El Elfo albino sabía, no obstante, que sin el dominio de aquella progenie de dragones no conseguiría expulsar a Sauron de Tol Sirion, ya que él poseía vampiros gigantescos de alas correosas que le habían permitido tomar la torre de Minas Tirith, la principal defensa de la isla.

A Draugor aún le quedaba un consuelo, sus Orcos no habían muerto del todo en vano ya que en su estrepitosa entrada, y todo el jaleo posterior, habían logrado arrinconar al dragón más grande de todos, aquel que debía ser su padre o su madre y quien se había adelantado para carbonizar con su aliento ígneo a todos los que habían osado amenazar a su prole.

- Que todos los Orcos se retiren, Morlarak, ya hemos perdido bastantes guerreros por hoy, yo someteré al más grande. - Ordenó Draugor a su lugarteniente.

Una vez que Morlarak dio la orden y que todos los Orcos salieron de las cavernas, el Elfo que los comandaba se quitó el yelmo que le habían fabricado y entró solo. Llevaba, además, coraza, grebas y brazales forjados por sus tropas especialmente para él y sus pesados pasos retumbaban con sonido metálico en las paredes de la oscuridad subterránea. Siendo consciente de que los dragones podían oír lo que decía comenzó a hablar.

- Me gustaría saber si tuvisteis parte en la Dagor Bragollach, muchos dragones combatieron por Morgoth en aquella batalla y muchos de mis amigos murieron en ella. ¡Contestad! - Dijo Draugor mientras entraba en la estancia donde lo único que pudo vislumbrar fue el fulgor rojo de enormes ojos de reptil con semblante colérico y fauces llenas de amenazantes colmillos, donde rugían fuegos humeantes, como de lava recién salida de las profundidades de la tierra.

- ¡Un Elfo! - Dijo uno de los dragones con voz profunda y timbre femenino - ¿Qué hace un Elfo a la cabeza de un ejército de Orcos? ¿Quién eres tu? ¡Contesta antes de morir!

- Mi nombre es Draugor, Señor de los Huargos, y tengo como misión expulsar a Sauron de Tol Sirion. El siervo de Morgorth ha tomado la isla y me han encargado reconquistarla.

- Tu debes ser el Elfo Noldo de Thangorodrim, ése que se escapó de Angband y al que los Orcos llaman Fantasma. He oído hablar de ti, si, pero ¿quién te ha encargado reconquistar ésa isla que no conozco?

- Marcho hacia Tol Sirion en nombre de Maedhros el Alto, hijo de Fëanor.

El dragón de voz femenina, el más grande de todos, comenzó a reír.

- ¿En nombre de Maedhros con un ejército de Orcos? ¿Con qué poder te has hecho con la voluntad de los Orcos, Elfo imprudente y estúpido? Enséñame el Anillo del Lobo, enséñame lo que no te pertenece, Elfo ladrón.

Draugor levantó su mano izquierda, donde el dragón pudo ver un anillo de plata que tenía talladas dos pequeñas cabezas de lobo mostrando sus colmillos, y comenzó a recitar la letanía que estaba inscrita en él.

- Obedecerás a tu Amo y Señor Melkor y a mí en su nombre... Obedecerás a tu Amo y Señor Melkor y a mí en su nombre...

Un fulgor plateado comenzó a surgir del anillo y pronto se convirtió en una inmensa luz que ocultó la figura de Draugor y que hizo que los dragones no pudieran mirarle directamente, pero la dragona que le había hablado siguió riéndose.

- ¿Crees que ésa luz me impedirá a mí o a mis hijos matarte? Es muy impresionante, si, pero solo Melkor en persona puede darme órdenes, Elfo insignificante. Ni siquiera te das cuenta de que ya eres un siervo de mi creador, aquel al que tu llamas Morgoth, gracias a ese anillo que tan a la ligera usas, que no es tuyo y que robaste.

El Elfo dejó de recitar la letanía y la luz que lo cubría se extinguió de pronto.

- ¡¿Cómo que soy un siervo de Morgoth?! ¡Él es mi enemigo, yo lo destruiré, o ayudaré con todo mi corazón a destruirle! - Gritó Draugor. - Ya veo que quieres enfurecerme para que baje la guardia... Eso no ocurrirá, dragón, no me mataréis, no hasta que esté frente a Minas Tirith, entonces Sauron tendrá su oportunidad de matarme, pero eso no ocurrirá antes... No cambies de tema, dragón, no me habéis contestado ¿luchasteis o no en la Dagor Bragollach?

- Díselo, madre, díselo y devorémoslo de una vez, hace mucho que no pruebo la carne de Elfo. - Dijo otro de los dragones.

A éstas alturas los ojos élficos de Draugor ya se habían acostumbrado a la penumbra y pudo distinguir perfectamente a cada uno de los dragones. El dragón femenino, el más grande y que al parecer era la madre de los demás, tenía escamas de color negro; había uno con escamas blancas; uno con escamas verdes, que era el que acababa de hablar; y un cuarto, el más pequeño, que tenía escamas de color rojo. La dragona de escamas negras contestó a la pregunta.

- Sí, Draugor, Señor de los Huargos, hemos luchado en la Dagor Bragollach y hemos matado a muchos Elfos debiluchos como tú. Estos que ves aquí, mis hijos, son también los hijos de Glaurung, al que tu conoces con el título de El Gran Gusano. Cuando eran simples huevos Melkor vino volando a lomos de su padre y se llevó uno de ellos. Muchos muchos años después, cuando el Señor Oscuro deseó hacer su Guerra contra los Elfos, volvió a lomos de Dornimraug, mi hijo, el de las escamas blancas. Morgoth lo había tenido prisionero en Angband y amenazó con volver a llevárselo o con derrumbar toda la montaña sobre nosotros si no accedíamos a arrasar el Sitio que los tuyos mantenían sobre la Prisión de Hierro. Si nos plegábamos a sus demandas juró dejarnos libres y no volver a molestarnos jamás. Él cumplió su palabra y ahora tu eres nuestra cena.

- ¡No tan deprisa! - Gritó Draugor levantando la mano en la que llevaba su anillo mágico. - Habéis combatido y sabéis lo que es una batalla contra ejércitos armados, eso es importante para mí porque necesito vuestra ayuda para dominar la plaza de Sauron. Ahora sé que preguntaréis ¿a cambio de qué? ¿Puede daros un Elfo ladrón como yo algo que os interese, dragones? ¿qué queréis a cambio de vuestra ayuda? Os lo pregunto para saber si puedo contar con vosotros puesto que sin vosotros mi viaje de conquista acaba aquí, sin vosotros no me será posible expulsar a Sauron de Tol Sirion.

- ¡No, Elfo, no puedes convencernos para luchar por ti, jamás te ayudaremos y ahora muere! - Gritó el dragón de escamas verdes.

- ¡Un momento! - Le detuvo su madre. - ¿Y qué hay de ése anillo? Morgoth nos dará un tesoro a cambio de él. ¿Nos darías el Anillo del Lobo, Elfo? ¿Te desprenderías de tu mejor y más poderosa arma a cambio de conquistar esa isla?

- ¿Y porqué no quemar al Elfo y recoger el anillo de sus cenizas, madre? - Preguntó el dragón más pequeño, el de escamas rojas. - No necesitas obedecer a un ladrón para robarle.

- Puedes comerte a éste Elfo estúpido que ha venido a buscar su muerte en nuestra guarida si quieres, Naurcárak, pero pensad en todos los Elfos que podríais comeros si viajamos al sur, hijos. ¿Alguno de vosotros ha viajado al sur? ¿Sabéis donde están las fortalezas que debemos evitar y las que podemos atacar? ¿Acaso sabéis donde hay grutas donde descansar? No ¿verdad? Con la ayuda de éste Elfo podemos hacernos con tesoros y festines que no ganaremos aquí acurrucados, hijos míos, pensadlo.

- ¡Si! - Intervino rápidamente Draugor. - ¡Si! Os indicaré las ciudades de los Elfos que podéis atacar, no me importa, y por supuesto que os daré el Anillo del Lobo si eso es lo que queréis, me es muy preciado... y no sólo por su poder... me recuerda cosas del pasado... Pero os lo daré cuando yo sea el único Señor de Tol Sirion y el único comandante de Minas Tirith, no antes... Os lo daré cuando haya cumplido lo que he pactado con Maedhros el Alto por fin y cuando Sauron haya sido derrotado y no tenga poder para organizar represalia alguna, si es que no conseguimos darle muerte. ¿Hay trato?

- Déjanos solos un momento, Draugor - dijo la dragona de escamas negras - debemos debatir qué es lo que realmente queremos y qué es lo que realmente nos conviene.

- Que así sea. - Contestó el Elfo albino entre las protestas del dragón de escamas verdes, antes de darse la vuelta y salir de las cavernas mientras se ponía su yelmo de faz terrible.

Morlarak, el Orco lugarteniente de Draugor, pestañeó incrédulo al ver salir de las cavernas a su Amo de una pieza y sin un rasguño. - ¿Todo bien, mi Señor? - Preguntó.

- Si, Morlarak - contestó su comandante - creo que todo ha ido muy bien y pronto arrasaremos la Tierra Media con la ayuda de esos dragones.


Gwathorod, Sombra de la Montaña, Madre de Dragones
Gwathorod, Sombra de la Montaña, Madre de Dragones

Dornimraug, el Terror de las Profundidades
Dornimraug, el Terror de las Profundidades

Farothaurog, el Cazador Terrible
Farothaurog, el Cazador Terrible

Naurcárak, Colmillo de Fuego
Naurcárak, Colmillo de Fuego

Gwathorod y Draugor
Gwathorod y Draugor



Escudo del Dragón



Los dragones:

- Gwathorod ("Sombra de la Montaña"). Madre de los Dragones, de escamas negras.

- Dornimraug ("Demonio Blanco de la Tierra"). El mayor de los hijos, de escamas blancas.

- Naurcárak ("Colmillo de Fuego"). El más pequeño, de color rojo.

- Farothaurog ("Demonio Cazador Abominable"). El mediano, de escamas verdes.




viernes, 28 de abril de 2017

DRAUGOR, SEÑOR DE LOS HUARGOS



Notas previas:

Ésta es la continuación de la historia de un personaje que hice para una campaña del juego de rol "El Señor de los Anillos", que mi hermano hace años iba a ambientar en la Primera Edad de la Tierra Media que J. R. R. Tolkien narró en su libro "El Silmarillion" (en base a textos recopilados por su hijo, quien fue también responsable de su edición).

Tras un desengaño amoroso borré la historia del personaje que narraba los primeros siglos de vida de un Elfo Noldo que había nacido en Valinor con el nombre de Taralmië, que siguió a Fëanor a la Tierra Media y que fue prisionero de los siervos de Morgoth en su fortaleza de Angband. 

Estoy intentando reescribir la historia original pero me está costando más de lo que había creído. Tras ver impresionantes vídeos de la segunda parte del videojuego "Shadow of Mordor", llamada "Shadow of War", se me ha ocurrido ésta continuación de aquella historia y de su protagonista, el Elfo Noldo que, tras escapar de su cautiverio en Angband gracias al poder de un anillo mágico, abandona su antiguo nombre y adopta el de Draugor (en sindarin significa "temor de lobo").


Portada de "El Silmarillion"



La Tierra Media en la Primera Edad


Las Tierras de Maedhros y los Noldor durante la Primera Edad



II


Draugor espoleó a su lobo huargo para acercarse a Morlarak, el líder del clan de la Luna Pálida. Cuando llegó a su lado saltó del lobo y saludó al Orco, una criatura de baja estatura, de piel oscura, pelo largo, ralo y quebradizo de color blanco, larga nariz picuda, ojos pálidos y enormes orejas caídas. Tenía en la mejilla izquierda un tatuaje que representaba una tosca media luna de color gris y llevaba un atuendo muy similar al del Elfo, armadura de cuero negra y pieles del mismo color, pero mientras él portaba espada y arco élficos, el Orco tenía una aparatosa y gran cimitarra que descansaba en la vaina de su cinto y un arco negro sobresalía de su espalda.

- ¡Has regresado! Nuestro campeón élfico, Draugur. - Dijo Morlarak con una voz chillona y llamando al Elfo por el nombre con el que los Orcos lo conocían, Draugur, que en Orco significa "Fantasma". 

- Así es, Morlarak - dijo el Elfo albino - ¿ha ocurrido algo importante en el clan durante mi ausencia?

- No... O tal vez si... No lo sé... Los lobos de nuestros aliados, el clan de la Cabeza Deshuesada, han matado a varios de los nuestros... Parece ser que se han acabado las arañas en el bosque y tienen hambre... ¿Qué hacemos Draugur? ¿Los escarmentamos?

- No. Yo si tengo noticias muy muy importantes, Morlarak... Debemos levantar los campamentos y viajar hacia el oeste lejano... Todo el clan... Todos los clanes... Desde el Hierro en la Sombra al clan de la Rata Verde, todos debéis moveros hacia el oeste, hacia Tol Sirion, allí haremos la guerra a Sauron y tomaremos la fortaleza de Minas Tirith.

- ¿Qué? - Preguntó un sorprendido Morlarak mientras miraba perplejo a Draugor con sus ojos completamente blancos - ¿Y nuestros aliados del sur? La Cabeza Deshuesada vendrá y nos quitará nuestras tierras de caza si no nos mantenemos en los campamentos ¿Qué ocurrirá con las cuevas del clan del Hierro en la Sombra? ¿Te han ordenado los Elfos conquistar esa fortaleza? ¿O son ellos los que quieren tomar nuestras tierras?

- No exactamente... Sí y no... Ellos me lo han pedido y yo he aceptado, con una importante condición... Yo seré el nuevo Señor y comandante de Tol Sirion. El Señor de los Elfos del sur,  del que ya te he hablado muchas veces, Maedhros, quiere recuperar esa fortaleza y yo lo haré en su nombre, con vuestra ayuda, a cambio de su dominio y señorío.

- ¿Y nuestros lobos? ¿Dónde cazarán? Necesitamos mucho territorio, tenemos muchos lobos, Draugur...

- Sauron cría en aquellas tierras licántropos... - Draugor se detuvo para mirar un instante al Orco que tenía tanta pinta de saber lo que era un licántropo como de saber lo que era una ciudad construida por los Elfos. - ...Quiero decir... Cría bestias medio Elfos medio lobos... y si él cría a esos monstruos allí tiene que haber comida para los lobos, o la conseguiremos como sea. Ya sabes que yo cumplo lo que prometo, Morlarak, sabes que si tengo que saquear a los Elfos para dar de comer a lo lobos lo haré, que si tengo que matar a los míos no me temblará la mano.

- La mano... Si... La mano... - Dijo el Orco mirando al suelo mientras un escalofrío recorría su espalda. - Habrá guerreros de nuestro clan que sabes que se opondrán a ti, Draugur ¿tendrás piedad? ¿no nos mostrarás tu magia, verdad? ¿no nos harás sufrir? Somos tu clan, Draugur, tu familia... ¿Tendrás piedad?

Draugor miró al Orco con aire sombrío y el ceño fruncido.

- Yo no tengo familia, no digas que vosotros sois mi clan ¡Vosotros sois de mi propiedad, Orco y obedecerás, como obedeceréis todos si sabéis lo que os conviene! - Dijo el Elfo con aire iracundo mientras levantaba la mano zurda en un puño, allí donde llevaba el Anillo del Lobo, con el que había conseguido escapar de Angband y que durante un instante brilló con un fulgor plateado.

Morlarak, el líder de los Orcos, se arrodilló ante Draugor y agachó la cabeza todo lo que pudo.

- ¡Ten piedad, Amo! ¡Seré obediente! ¡No me castigues!

Pero varias horas después, cuando el Elfo y el Orco ordenaban al campamento marchar hacia el oeste a lomos de sus huargos, otros guerreros jóvenes, ignorantes e inexpertos, no fueron tan inteligentes y, como Morlarak hubiera predicho, sacaron sus armas con intención de hacerse con el liderazgo del clan matándoles. En ese instante, Draugor levantó la mano izquierda y repitió una y otra vez ésta letanía durante varios minutos agónicos, que a los Orcos y a los lobos les debieron parecer horas:

- "Obedecerás a tu Amo y Señor Melkor y a mí en su nombre... Obedecerás a tu Amo y Señor Melkor y a mí en su nombre..."

El Anillo del Lobo, en el índice zurdo del Elfo albino, brilló entonces con un gran fulgor plateado que llegó casi a impedir ver su figura, si es que alguno de los Orcos o de los lobos hubiera podido mirarle porque, durante los largos minutos que duró la letanía de Draugor, todos y cada uno de ellos, al mismo tiempo y en muchísimos kilómetros a la redonda, comenzaron a sentir un terrible dolor en la cabeza o en el rostro, allí donde él les había puesto la mano, y no paró aquella tortura hasta que de la cabeza o el rostro de cada uno ellos comenzó a manar la sangre negra, dejando ver la marca de una mano zurda de Elfo.

Cuando la letanía se detuvo, todos aquellos Orcos y lobos, los que habitaban en Ladros y en la cordillera oriental de las Ered Gorgoroth, se levantaron al unísono con la marca de una mano negra en los rostros o en sus cabezas. En aquel instante había nacido un nuevo clan de Orcos, el más grande y numeroso clan de Orcos que jamás se hubiera visto hasta entonces... Draugor les llamó el clan de la Mano Ensangrentada.